Penitencia

“Dios Padre Misericordioso te conceda,
por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz”

El sacramento de la Penitencia nos devuelve la alegría de sabernos amados y perdonados por Dios, que es rico en misericordia.

De la misma manera que el hijo pródigo experimentó el abrazo de su padre bueno que le perdonaba, olvidaba su pecado y le acogía, igual tú puedes revivir y fortalecer en tu alma la gracia de Dios, la Vida que Dios te dio con el Bautismo.

Además de ser reconciliación con Dios, lo es también con la Iglesia, a la que Dios ha puesto como administradora y garante de su perdón: «Recibid el Espíritu Santo: a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20, 23).

Nos enseña Juan Pablo II: «Acusar los pecados propios es exigido ante todo por la necesidad de que el pecador sea conocido por aquel que en el sacramento ejerce el papel de juez –el cual debe valorar tanto la gravedad de los pecados como el arrepentimiento del penitente-, y a la vez hace el papel de médico, que debe conocer el estado del enfermo para ayudarlo y curarlo. Pero la confesión individual tiene también el papel de signo; signo del encuentro del pecador con la mediación eclesial en la persona del ministro; signo del propio reconocerse ante Dios y ante la Iglesia como pecador, del comprenderse a sí mismo ante la mirada de Dios… Es el gesto del hijo pródigo que vuelve al Padre y es acogido por él con el beso de la paz; gesto de lealtad y de valentía; gesto de entrega de sí mismo, por encima del pecado, a la misericordia que perdona. Se comprende entonces por qué la acusación de los pecados debe ser ordinariamente individual, y no colectiva, ya que el pecado es un hecho profundamente personal.»

No tengas vergüenza o pereza para acercarte a confesar. Piensa en la alegría de saberse perdonado y en las fuerzas que este sacramento te proporcionará para tu vida cristiana diaria. El confesor te acogerá paternalmente, te comprenderá, te consolará y orientará. De sus labios podrás escuchar las palabras mismas de Cristo: «Dios te ha perdonado, vete en paz».

HORARIOS DE CONFESIONES
Diariamente Mañanas: de 8:30 a 10:30
Tardes: de 17:00 a 19:00 (en julio y agosto, de 18:00 a 20:00)
Domingos Durante todas las misas
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